sábado, 11 de agosto de 2012

Iglesia de San Lorenzo, donde Marco Polo quiso ser enterrado - Milenio.com

México • Los cimientos de la Iglesia de San Lorenzo datan del siglo VI, funciona por 200 años, se quema y en la reconstrucción solo se ocupan de una parte y, al mismo tiempo, construyen otros edificios para crear un convento; hacia el año 1150 se empieza a construir tal como se le conoce en la actualidad.

Su historia, no solo en la parte arquitectónica, tiene infinidad de leyendas; algunas de ellas señalan que Marco Polo pidió ser sepultado ahí, aun cuando no haya constancia de que le hayan cumplido su deseo; asimismo, hay un escrito en el que se dice que Antonio Vivaldi decidía ir a ensayar sus piezas ahí, aunque tampoco hay documento que lo pruebe.

Leyendas, incluso fantasmas —porque en el lugar había catacumbas, incluso se dio la exhumación de cuerpos—, que definen a un edificio que pasará a resguardo de México, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), luego del convenio de comodato firmado para que la construcción se vuelva parte de la infraestructura cultural mexicana en el extranjero.

"En términos relativos, de prestigio y de promoción, el hecho de que sea la primera vez, tanto en Venecia como en México, que se llega a un acuerdo de esta naturaleza, te indica que México se posiciona como unos de los países que tienen cosas qué decir y las dice bien", explica Gastón Ramírez, quien funge como comisionado de la obra.

Una negociación inédita tanto para México como para la Comuna de Venecia, donde estaban acostumbrados a vender sus espacios abandonados o que ya no podían mantener, y dada su importancia y costo de operación resultaba poco factible mantenerlo, por lo cual sus operaciones estaban en el ámbito de lo comercial.

"La comuna tuvo que generar toda una serie de precondiciones legales, administrativas y formales que le permitieran llegar a esta conclusión con México. Lo mismo le ha pasado al INBA, que debió generar protocolos, mecanismos y procesos nuevos.

"En términos de lo que significa: es un prestigio que ningún otro país tiene en Venecia, no solo porque el edificio sea histórico y tenga millones de historias y una importancia patrimonial muy grande, sino también porque como área de exposición, como metros cuadrados y cúbicos de volumen, es único en Venecia."

Una restauración imposible

Para lograr el convenio de comodato, México se comprometió a una serie de acciones, pero no a una restauración integral del espacio, aclara el comisionado, porque eso implicaría una inversión difícil de sostener desde cualquier perspectiva.

"El proyecto mínimo de restauración del espacio, hasta los últimos cálculos, en 2001, era por algo así de 13 millones de euros y eso con la idea de hacer un museo de arqueología. El programa más interesante, que implicaba que se convirtiera en un espacio polifuncional, implicaba una inversión de 40 millones de euros", explica Gastón Ramírez, maestro en artes visuales.

De esta manera, el principal compromiso por parte del gobierno mexicano será hacer una serie de adecuaciones funcionales, que culminarán en 2014, para tener un espacio donde hacer exposiciones, lo que requiere de áreas muy bien definidas, desde los baños, a la taquilla, el corredor o a un área protegida para exposiciones.

"En términos prácticos, México se compromete a que el edificio esté seguro, no se deteriore más y esté habitado. Todo lo demás es que esté limpio y bonito", para lo cual se destinarán 166, 666 euros anualmente y el total por nueve años —el tiempo del convenio— es de un millón 500 mil euros.

? Los detalles del proyecto

Desde la perspectiva de Gastón Ramírez, en términos de inversión, México se lleva un verdadero "garbanzo de a libra por dos pesos" con la Iglesia de San Lorenzo, a partir de una propuesta que implica ciertos compromisos, sobre todo el monitoreo de la construcción, abandonada las últimas tres décadas.

"Si de repente se rompía un vidrio y se metían las palomas y los pichones, no había nadie que lo supiera. La propuesta de México les cayó muy bien, porque el primer compromiso adoptado es poner bajo monitoreo constante el edificio, con la instalación de sensores de movimiento para medir los desplazamientos de las fisuras, la humedad o el techo."

El segundo compromiso tiene que ver con la restauración formal, sobre todo con darle seguridad el inmueble, mediante una red que impida que caigan desechos o desprendimientos del techo hacia las bóvedas y, con ello, a las personas.

"A partir de ello, una serie de pequeñas intervenciones de costura de algunas fisuras, la recuperación del piso, la conservación en términos prácticos al recubrir con las excavaciones arqueológicas, y después construir una tarima que genera un permeabilidad en términos de ventilación del espacio, sin que se afecte lo demás."

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